
Tan cerca como lejos de la gente, estas medicinas destiladas son un ejemplo vivo del origen de las grandes recetas de licores y amargos de los últimos 5 siglos; pero estos por ahora, se limitan a la oferta farmacéutica. No nos olvidemos que la mayoría de las bebidas destiladas que conocemos actualmente nacieron como medicinas o elixires de vida.
¿Cual es la oferta actual y como llegamos a estos productos?
Su forma de comunicación es un misterio, poco se sabe de su origen y hasta del presente de esta industria en Argentina.
Actualmente existen al menos 4 marcas en el país, son las siguientes:
Wunderbalsam: De color más oscuro y de sabor más complejo. Declara en su formula el uso de alcohol al 96% pero no aclara cual es el porcentaje alcohólico final ya embotellado.
Palatrobil: El más simple y amargo de todos. 52% de alcohol. Marca donde se destaca su posicionamiento apostando al más célebre de los locutores publicitarios de la historia argentina. Cacho Fontana.
¿Mis recomendados? Mi paladar hoy pide Wunderbalsam y Palatrobil.
Es muy difícil, casi imposible, obtener información profunda sobre cada uno de estos productos. No estamos hablando de conocer su fórmula o intentar hacerlo, pero lo que si sería muy interesante, es conocer a sus creadores, su lugar de origen, su trayectoria, etc.
Por ahora lo que sabemos es solo lo que vemos disponible en la góndola de digestivos exclusivamente en las farmacias de nuestro país, y la realidad, es que cada uno de estos bálsamos están disponibles por un precio bastante accesible, unos 30 pesos la botella de 50ml.
Vale la pena intentar conocerlos más a fondo. Y no creo que sea una idea disparatada pensar en que si estas pócimas se venden tanto como soluciones alcohólicas como en sus extractos secos, podríamos porque no, y por ahí estoy avivando “giles”, imaginarnos yendo a un quiosco y pedir una tableta de fernet o de nuestro amaro preferido.
Ahora sí, luego de pasar por la farmacia amiga, podremos brindar haciendo honor a la palabra más usada para esta sana costumbre.
¡Salud!
Por Sebastián Bossi
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