viernes, 29 de septiembre de 2023

La Industria Argentina Mata Cultura Alcohólica

La industria argentina mata cultura alcohólica

En realidad, mata disfrute, por quitarle al consumidor, al menos en el caso cervecero, la posibilidad de adquirir las cervezas originales y así perder la referencia, y el disfrute, del sabor en origen.

En Argentina es enorme la cantidad de licencias extranjeras, principalmente europeas, de marcas de cervezas instaladas en los últimos 10 años para abastecer el mercado sudamericano. Y en la mayoría de los casos, o en todos, cuando se importa desde argentina la marca elaborada bajo licencia internacional, esta remplaza a la importada originalmente.

Desde 1994, primer desembarco con Warsteiner y hasta 1997, en ese periodo se instalaron los gigantes Budweiser (1996) y Heineken (1997). Pero en ese momento los motivos eran otros, estratégicos de marca, etc. Las originales importadas, continuaban estando disponibles. Podemos incluir la llegada de la licencia Stella Artois (2005) por los mismos motivos.

Pero el camino de ida se da desde 2012, de manera tibia, a modo de prueba Amstel comienza su producción argentina, luego Miller deja de importarse para pasar a fabricarse en aquí el país.

En 2014 la empresa que importaba Corona deja de hacerlo por motivos internacionales de la marca, y comienza la producción local de la mexicana Sol.

En 2015 llega Grolsch, la única que hasta hoy continúa importando al menos en un formato Grolsch original (Países Bajos).

Y finalmente, hasta hoy, ya que esta historia continuará muy probablemente, aunque en Argentina nunca se sabe, en estos últimos años la gran sorpresa fue la llegada de dos gigantes extremadamente populares y elaborados hasta este momento casi exclusivamente en origen. Corona (diciembre 2019) y Guinness (2021) En el medio, junto con Corona se instaló también Goose Island (2020).

Pero los casos más ejemplificadores son estos dos, Corona Y Guinness.

Corona reemplazo instantáneamente los millones de litros de Corona importada, y lo más curioso, que el público o no lo notó o no le importó, las ventas se mantuvieron como si nada hubiera pasado. Popularmente se dice que la Corona es agua, y yo no estoy de acuerdo con esta frase, pero de pensar así uno pasa de tomar agua mexicana a agua bonaerense. Pero más allá de sutilezas o purismos, no se puede perder la clave del tema, es la disponibilidad de un producto para el consumidor, que se ve no solo restringido, ya que nunca más va a tener el producto original, salvo que viaje, y además el producto “copia autorizada” o licencia, se vuelve poco competitivo, se vuelve caro. Pasa a valer igual que el importado de origen. La pérdida de disfrute para el consumidor es total.

Esta nota la escribí hoy, luego de enterarme por una alumna chilena que en Chile la Corona que toman está elaborada en Argentina, y esta semana me enteré, por un amigo uruguayo, gracias Juancho, que En Uruguay la Guinness que toman es la de Rabieta Argentina. En este último caso a 4 dólares la lata, repito, Argentina. *(Foto 149 pesos uruguayos Tienda Inglesa Uruguay). Así perdemos todos, y ganan algunos pocos, empresarios.

Espero que continúen todas las licencias, y que se instalen nuevas, pero que se importe y compitan.

Salud

SB *La cronología cervecera pertenece a un capítulo publicado en mi libro La Vida Bien Bebida. Lumiere 2019. Todos los derechos reservados.

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