Pocos casos se dieron a lo largo de la historia del
vino, destaco dos específicamente, donde el hombre metió mano en la naturaleza
de la vid y el resultado fue mágico, perfecto. Un ejemplo es el Champagne (1650),
y el otro un destilado, el brandy de Charente, luego denominado Cognac (1550).
Dos regiones donde el clima nunca permitió producir vinos tranquilos de
calidad, pero el hombre se las ingenió para crear el mejor vino espumoso y el
mejor destilado de vino del mundo.
Es decir, el hombre logro una sinergia única en comunión con la naturaleza.
Distinto es el caso de la tendencia actual de este siglo XXI, de desalcoholizar algo tan natural, y para mi sagrado, como el vino. En una palabra, profanarlo.La única contención a este descalabro es o era la cuestión
legal, pero por presión empresarial se fue modificando, en Argentina también.
Con la tendencia a desregular todo del gobierno
actual, y la poca cultura alcohólica del consumidor argentino, es una verdadera
amenaza, pierde la cultura y gana el empresario cazador en zoológicos.
El consumidor argentino padece de un síndrome de Estocolmo
con los bodegueros locales desde los 70s. La prensa gastronómica, en
complicidad con los empresarios, construyo un relato sólido, dando a entender que
cuanto más reyes o deidades se parezcan los bodegueros, su producción vinícola sería
una garantía de lo mejor, sin discusión. Y como tal deidad no se podía, puede o
podrá criticarlos. Porque además son buenas personas y derramaran sus ganancias
al pueblo, acá ironizo, pero en verdad también forma parte del relato.
Creo la función de un sommelier es estar en el medio, entre
el consumidor y el bodeguero, despertando al primero y exigiéndole al segundo. Por
suerte el mercado de vinos interno argentino es de competencia perfecta, con
mucha oferta, y la demanda si bien esta en caída, por razones varias, internas
y externas, aun el mercado local en comparación por ejemplo al de la cerveza, goza
de buena salud, hay muy buena calidad y precio.
Aclaro todo esto como una advertencia a la desregulación
de todo lo posible en un tema tan sensible como lo es el vino, que como dije al
principio, para mí y para buena parte de la humanidad, al menos aún, es
sagrado.
* Al respecto escribimos un artículo muy
interesante con el prestigioso economista y sommelier Mariano Fernández, profundo
amante del vino y toda su historia, el mismo será publicado a la brevedad.
Escuche a una sommelier decir, “está bueno que existan
vinos de 9 o 10 grados de alcohol donde antes en esa misma zona o terroir los
vinos característicos eran de 13 o 14 grados, mientras mantengan la identidad”,
le recuerdo, colega, que el alcohol es parte fundamental en la estructura e
identidad del vino.
Creo en la libertad de mercado, pero el vino no es un
producto más, junto con el agua, primero el agua, es lo que más debemos
proteger, es lo último que nos queda.
Reproduzco mi dialogo con la IA
Hola IA ¿qué vinos sin alcohol se hacen en Mendoza?
Me respondió una lista de unas 5 bodegas, pero una me
llamó la atención, porque por más que la ley argentina desde 2024 permite
denominar vino sin alcohol a un vino desalcoholizado con menos de 0.5 grados de
alcohol, esta bodega prefiere evitar nombrarlos como tal, y así tener más
libertad a la hora de fermentar, destilar o combinar directamente mostos con botánicos
varios.
Domaine Edem: Una bodega boutique en Luján de Cuyo que
elabora espumosos sin alcohol y bajos en alcohol.
Línea de productos:
* N.0 Rosæ: Un espumante desalcoholizado (0% de
alcohol) de tono rosa pálido, fresco y con notas a frutos rojos.
* Brunette: Un espumante sin alcohol con infusión
botánica y un perfil atípico con notas de miel, hierbas y carqueja.
* Uco Mineral (N° 7) y Uco Stones (N° 7): Dos blancos
elaborados con uvas Chardonnay del célebre viñedo Adrianna (Valle de Uco) que
cuentan con un 7% de alcohol y un toque de gas carbónico.
Hey IA ¡Pero no son vinos!
Tiene toda la razón: estrictamente hablando y por ley,
no se les puede llamar "vino".
las bodegas y el propio Catena Institute utilizan
denominaciones alternativas:
* Para las opciones de 0% (como N.0 Rosæ o Brunette):
Legalmente se categorizan como "bebidas alcohólicas a base de uva" o
"jugos de uva gasificados", ya que pasan por un proceso de
desalcoholización o se elaboran buscando que nunca generen alcohol.
* Para las opciones de 7% (como Uco Mineral): Se
encuadran como "bebidas a base de vino" o "vinos parcialmente
desalcoholizados / de baja graduación", pero no pueden llevar la palabra
"vino" a secas en la etiqueta principal de manera tradicional.
A nivel comercial y en el lenguaje cotidiano, se los
suele agrupar bajo la tendencia global de "vinos sin alcohol" o
"vinos low-alcohol" simplemente para que el consumidor entienda que
buscan imitar la experiencia, el sabor y las ocasiones de consumo de un vino
tradicional, pero técnicamente el término es incorrecto.
Mi opinión sobre el proyecto Catena Domaine EdeM. La
doy porque me la piden constantemente, y es personal, obviamente. Primero
aclarar que amo a todo Catena, desde siempre, pero a este proyecto no lo
entiendo, solo lo veo como un perro guardián, una herramienta de marketing o
estrategia comercial. Hasta el nombre me desentona en tanta rica y exquisita historia,
porque no le pusieron Domaine Estela de Mendoza, edem me suena extraño, y si es
un juego de palabras con Edén, pues menos me suena, en el edén justamente no habría
lugar a un producto naturalmente con alcohol forzado por el hombre para quitárselo.
Reitero el respeto enorme que le tengo a la familia,
pero creo tengo derecho a expresarme al respecto en un tema tan delicado,
insisto, como la cultura del vino.
Sebastián Bossi
La Vida Bien Bebida

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