martes, 27 de octubre de 2026

25 años de Gibraltar Bar

Gibraltar Bar, San Telmo, cumple sus primeros 25 años

El mejor bar de Buenos Aires, no exagero nada, no esta vez, abrió unos días antes de la peor crisis de la historia económica argentina reciente.

¿Por qué el mejor bar? Porque es el único lugar del país que logró plasmar el concepto de public house o cada pública. 

Donde el parroquiano entra, se pide una cerveza y o se sienta en la barra intentando socializar, o simplemente se sienta a disfrutar de la energía del lugar, o elegís una mesa y te sentás comodamente a disfrutar la mejor música, o te vas al fondo, pasando por la cocina, y ves jugar al pool, relajado por el ambiente y la onda. Si vas a Gibraltar esperando o pensando que es un bar más, como tantísimos de Palermo o mismo San Telmo, no vayas, o entra con cuidado, si no te dejas cautivar con los detalles, este no es tu lugar. Como dice Alex Fullin, su creador, acá se viene a conectar, no a desconectar.

Yo lo conocí a principios de 2003, Cuando me mudé de Retiro/Recoleta a San Telmo/Monserrat. Fue un verdadero viaje de ida, fue mi club, mi templo, mi todo. De los 7 días de la semana, 5 estaba ahí al menos un par de horas. Ahí conocí la Stone Stout, y gracias a ello logre conocer la última etapa de esa licencia en Argentina, en Pilar, ese contacto me llevo a conocer a Nacho Magnasco, mientras este creaba con junto a los socios de Kilkenny Gambrinus. Recordemos que Gibraltar se abrió ofreciendo Guinness, luego de la devaluación brutal primero y la mala logística de los barriles entre Irlanda y Argentina después se terminó la oferta de esa cerveza, quedando la demanda de una buena Stout, lo logro Stone, pero esta fábrica en 2004 se terminó apagando, cerrando. Y apareció Gambrinus en 2005, desde Zarate. 

Y más adelante Alex consolido la propuesta de vender una Real Ale, o Cask Ale, con Kingston.

La selección de cocina siempre se mantuvo porque equipo ganador no se toca, pero imaginemos Argentina, mantener esa calidad constante en este país es algo inaudito. Con condimentos importados, presentación básica pero internacional, es decir, todo perfecto.

Gibraltar es eso, la mejor cerveza tirada disponible, comida exquisita y original, ambiente y energía única, la mejor música, en los primeros 3 años la biblioteca del primer piso era pública, la decoración fue siempre inmejorable. 

 

 A destacar el respeto a la libertad del cliente, cuando en el país se podía fumar, creo hasta 2006, Dentro de Gibraltar jamás me miraron con mala cara al fumar mis puros diarios, de 2 horas cada uno, jamás. O si quería ir a leer tranquilo, nadie me molestaba, era y es uno de los pocos lugares donde siempre me sentí cómodo, como es casa.

Eso sí, si sos el cliente que espera que le sonrían falsamente o más de la cuenta, no es tu lugar. Acá las miradas son sinceras, y sobrias, pero nunca frías ni descorteses.

Por último, recordando y festejando estos primeros 25 años del bar, aclaro que me mude a La Paternal en octubre de 2014, y deje de ir tan seguido, en realidad en los últimos 10 años abre ido 10 veces. Pero mis amigos continúan yendo y me comparten sus gratas experiencias. 

Quiero cerrar estos recuerdos agradeciendo el cariño generosidad de Alex en nuestros encuentros, charlas apasionadas sobre el alcohol respecto a la cultura y el comercio de este producto siempre considerando la noble sed británica.

Un día Alex me dijo, cuando estés de viaje y pienses que botella traer, trae la de mayor graduación alcohólica, siempre lo recuerdo y le hago caso. Recuerdo cuando el noto que el mercado de los jóvenes estaba tendiendo a cervezas de mayor concentración alcohólica, y esto fue así, con la Otromundo Strong red ale, y mucho más acá con las Barley Wine, que termino ofreciendo en su otro bar Waterloo. Hoy el mercado volvió a cambiar. 

A Alex y a Gibraltar lo cito en mis libros, cito su anécdota cuando intento mejorar la sidra que ofrecía, pero al quitarle azúcar la demanda se desplomo, ahí entendí que el problema no es la oferta, es la demanda. Pienso también que los empresarios productores de bebidas no quieren una demanda inteligente, Argentina es unos de los 6 países más consumidores de sidras del mundo, y el 99.99, es decir, toda la sidra que se consume es mala, es muy mala, malísima, repleta de azucares, ácidos agregados y otros aditivos.

Por todo esto Gibraltar es una Isla con su faro, un oasis en medio de tanta mediocridad y esnobismo.

Gibraltar Bar demuestra que la mística de un Bar se da más allá de la idea del fundador, juega el barrio, la clientela, la locación misma, en definitiva, el terroir del bar. 

Recordando otros bares que creo Fullin luego de Gibraltar pero terminaron cerrando.

Bangalore (Palermo)
Tenía todo, estética, caudal de público, buen producto, comodidad, vereda, comida, gin (un adelantado), etc. Pero, cerró. 
Eran muy similares con Gibraltar, pero el magnetismo de este último no lo tiene nadie. 

Shangái Dragón (Palermo casi Villa Crespo)
Nunca me gustó esta esquina, si bien Alex la mejoro muchísimo, quedo fría, ausente de alma. 

Waterloo (Retiro)
Fui tres o cuatro veces, siempre a almorzar, nunca se terminó de definir. 

La magia, la mística, está en Perú y Estados Unidos, barrio de San Telmo. Más precisamente, en Gibraltar. 

Feliz Aniversario, que sean por lo menos 75 años más de vida.

La Vida Bien Bebida, presente. Salud SB



Estas siguientes dos fotos pertenecen al fotografo de La Nación citado en las mismas.



lunes, 26 de octubre de 2026

Reabre el Tree House de Gibraltar Bar

 Tree House de San Telmo

Luego de casi 15 años, regresa la mágica "casita del árbol" del bar Gibraltar. Un apartado reservado en principio (2009) para los clientes amigos de la casa.



A nada de cumplir 25 años de vida, Gibraltar Bar abrió en diciembre del 2001, el bar de Alex Fullin sigue sorprendiendo gratamente, y es que el simple hecho de no cambiar nada de su esencia, desde el día 1, es casi un milagro para el mercado argentino. 

El bar atravesó todas las crisis de este primer cuarto de siglo, todas, y permanece intacto. Es verdaderamente único, mágico, casi místico.

No solo sobrevivió a las crisis económicas, superando o adaptándose al trato con los proveedores y sus aumentos, a la falta de productos importados, a las necesidades y exigencias de los nuevos consumidores, al cambio de normas para fumadores, a la convivencia con los vecinos del patio interno. A mantener una cocina a la vista tan básica como original y exquisita. A todo. 


En 2009/10 crea el Tree House, exclusivo para amigos y buenos clientes, cada uno en su momento recibimos una tarjeta magnética y podíamos subir solos, desde el patio interior por una vieja escalera con mucho estilo, y acceder a un lugar con sillones de cuero, luz con veladores, aptos fumadores, con la posibilidad de cubrirse con una "robe de chambre" o bata de fumar, una barra con portos, single malts, cognacs, etc., y una cava con los mejores vinos franceses de la década del 70, 80 y 90.

De pedir comida, está subía por un elevador desde la cocina. La palabra y confianza era todo, no había personal, uno iba anotando sus consumos en una libreta, al salir se animaba abajo. En 2012, el último año de la primera etapa del Tree ya había un encargado arriba. El Tree intento abrir en algunas oportunidades 2017/18 pero finalmente permaneció cerrado.

Adjunto un vídeo con una entrevista que le hice a Álex Fullin en 2010 para el primer programa de Bar And Drinks TV.

Este primero de noviembre reabre el Tree de Gibraltar, no tengo más que ese dato, pero confío, más allá de los cambios, la magia estará.

A principios de este año, Alex declaró en una nota para La Nación donde le preguntaron cuál sería la propuesta del nuevo Tree House, y respondió:

-Queremos hacer foco en vinos (85 etiquetas), cócteles clásicos, jerez, vermuts y whiskies, y también en cocina inglesa aún más sofisticada que la que ofrecemos ahora. El salón va a ser para 30 personas. Se va a llamar The Tree House Club.

Solo con reservas:

treehouse.gibraltar@gmail.com    

Perú 895
























miércoles, 21 de octubre de 2026

Bodegón 1901

 Bodegón 1901

Una experiencia monumental.

 

Visitamos el nuevo restaurant de River inaugurado en febrero de este año, 2026. Reservamos una mesa para 6 comensales, mediodía de lunes. El lugar abre 12 hs y cierra 2am. Nosotros llegamos 12.30, y nos retiramos 5,30pm.

 

Nos ofrecieron la mesa central, en el medio del amplio salón, frente a la barra. El salón está distribuido a lo largo del ventanal que da al campo de juego desde la platea Belgrano (con sombra siempre, garantizando un verano fresco para disfrutar al aire libre, donde también hay mesas).

Luego hay mesas por todo el salón, para dos, cuatro o seis, también en diagonal y en forma curva hay una baranda con sillas para comer en forma individual con vista solo al campo de juego. Y en el opuesto hay boxes, más íntimo si se quiere. En las dos paredes sin ventanas, están las pantallas para ver fútbol. No son pequeñas, pero podrían ser más grandes, quedarían estéticamente mejor.

La calidad de las mesas y de las sillas es óptima. Lo mismo opino del servicio en general, camareros atentos y rápidos. Si bien era un lunes mediodía, con una demanda de público de un 35/40 por ciento a las 2pm.

Pedimos de entrada unas empanadas fritas de osobuco y una burratina, las empanadas muy bien, a la burratina la noté desabrida, con una presentación que podría mejorar en el armado.

El pan (panera) ok. Al igual que la salsa que ofrecen como aperitivo para acompañar la panera.

También pedimos una tortilla de papas y vino perfecta, sellada y bien babé.

 Las copas de vino son muy lindas en lo estético, pero no van con ningún vino, recomiendo que pidan otras copas para vino, tienen y son correctas.

La carta de vinos es muy básica, Catena, Luigi Bosca y Chandon. Creo un bodegón, y de ese tamaño, debería tener más opciones. Además, debería tener los vinos de River de Bianchi y los de Enzo, etc.

Justamente está temáticas, referente al lugar, se ve ausente en la propuesta estrictamente gastronómica, nosotros esperábamos encontrar un plato, un cóctel (no llegué a la barra igualmente) Labruna, Beto Alonso, un Gallardo, un Bernabéu etc., y nada.

En vinos falta un torrontés, y en tintas faltan varietales varios.

Finalmente pedimos Alto Chardonnay de Terrazas y en tintos bebimos dos botellas de Los Chacayes de la misma bodega increíbles, diVinos, ideales para el bife bien jugoso que pedimos. Con huevo y papas fritas, gruesas, bien de bodegón, ok.

No pedimos postre, si café, muy correcto, bien.

Vi que tienen cerveza tirada, bien.

También observé que tienen muy buenos vodkas y whiskies. Ideal para disfrutar esa hermosa barra de noche.



Detalles, la entrada al bodegón está un poco desprolija, probablemente debido a una obra, desentona un poco con lo agradable del interior del Bodegón.

 


El tema fotógrafa, como atractivo turístico no podía faltar la opción de la foto, ese día estaba la fotógrafa Z, para no estigmatizar, pregunto si queríamos una foto, respondimos sí, pero después, recién habíamos llegado, ok dijo ella, me avisan cuando y la hacemos. Al terminar de comer, luego del último vino y cerca de pedir la cuenta, le avisamos que era el momento, bien, hicimos la foto en la mesa y nos avisó que eran dos, la segunda afuera, en la platea. Ok respondimos, pero danos unos minutos, ok.
Guido Monumental

Ya en la platea, se produjo un ruido en la comunicación, ponete allá, más acá, etc., éramos 6, habíamos consumido 7 botellas de vino, entre tintos, blancos y champagne (Veuve Clicquot). Estábamos en el monumental, felices como niños en una fiesta de cumpleaños.

La cosa es que Z se cansó, y nos advirtió, Basta, “no me mandoneen”, nosotros solo queríamos encontrar nuestro mejor perfil, broma, acá la que manda soy yo, me tuvieron de acá para allá esperando por las fotos. Nuestras sonrisas desaparecieron por un momento, luego hicimos las paces y todos volvimos a sonreír, incluso Z.

Nos dieron dos fotos impresas espectaculares, cuenta aparte obvio.


Al retirarnos me volví del ascensor, solo para preguntarle a Z de que equipo era, sospechaba que no simpatizaba con la casa, me respondió que no era de ningún club, supuse era anti fútbol o era una hincha de boca encubierta, reprimida naturalmente por su condición laboral. Le respondí con una sonrisa, gracias por tu respuesta, me lo imaginaba.


A lo que voy es no importa de qué club sos o no sos hincha, pero en la vida, en todo trabajo, y en especial en gastronomía, más en un lugar turístico, uno debe mantener la sonrisa y buena onda, siempre, a pesar de todo.

 

Último detalle, la música, mal, opiné en la mesa que parecía de ascensor, me respondieron ojalá, está es peor.

Un lugar tan bonito, con tanto potencial mágico, este último detalle tiene que ser corregido.

Los precios, normales. 

En la carta de vinos se destaca la relación precio calidad de Terrazas, Catena y Luigi Bosca, especialmente está última no son tan competentes en esa ecuación en esta carta de vinos. 

Mi nota por las gratas horas que pasamos en el lugar es un 8 de 10.

Es decir, me gustó y mucho. Lo recomiendo.

SB