martes, 6 de octubre de 2026

Cuando el hombre deja de guiar lo natural, lo deforma

 

Pocos casos se dieron a lo largo de la historia del vino, destaco dos específicamente, donde el hombre metió mano en la naturaleza de la vid y el resultado fue mágico, perfecto. Un ejemplo es el Champagne (1650), y el otro un destilado, el brandy de Charente, luego denominado Cognac (1550). Dos regiones donde el clima nunca permitió producir vinos tranquilos de calidad, pero el hombre se las ingenió para crear el mejor vino espumoso y el mejor destilado de vino del mundo.

Es decir, el hombre logro una sinergia única en comunión con la naturaleza.

Distinto es el caso de la tendencia actual de este siglo XXI, de desalcoholizar algo tan natural, y para mi sagrado, como el vino. En una palabra, profanarlo.

La única contención a este descalabro es o era la cuestión legal, pero por presión empresarial se fue modificando, en Argentina también.

Con la tendencia a desregular todo del gobierno actual, y la poca cultura alcohólica del consumidor argentino, es una verdadera amenaza, pierde la cultura y gana el empresario cazador en zoológicos.

El consumidor argentino padece de un síndrome de Estocolmo con los bodegueros locales desde los 70s. La prensa gastronómica, en complicidad con los empresarios, construyo un relato sólido, dando a entender que cuanto más reyes o deidades se parezcan los bodegueros, su producción vinícola sería una garantía de lo mejor, sin discusión. Y como tal deidad no se podía, puede o podrá criticarlos. Porque además son buenas personas y derramaran sus ganancias al pueblo, acá ironizo, pero en verdad también forma parte del relato.

Creo la función de un sommelier es estar en el medio, entre el consumidor y el bodeguero, despertando al primero y exigiéndole al segundo. Por suerte el mercado de vinos interno argentino es de competencia perfecta, con mucha oferta, y la demanda si bien esta en caída, por razones varias, internas y externas, aun el mercado local en comparación por ejemplo al de la cerveza, goza de buena salud, hay muy buena calidad y precio.

Aclaro todo esto como una advertencia a la desregulación de todo lo posible en un tema tan sensible como lo es el vino, que como dije al principio, para mí y para buena parte de la humanidad, al menos aún, es sagrado.

* Al respecto escribimos un artículo muy interesante con el prestigioso economista y sommelier Mariano Fernández, profundo amante del vino y toda su historia, el mismo será publicado a la brevedad.

Escuche a una sommelier decir, “está bueno que existan vinos de 9 o 10 grados de alcohol donde antes en esa misma zona o terroir los vinos característicos eran de 13 o 14 grados, mientras mantengan la identidad”, le recuerdo, colega, que el alcohol es parte fundamental en la estructura e identidad del vino.

 

Creo en la libertad de mercado, pero el vino no es un producto más, junto con el agua, primero el agua, es lo que más debemos proteger, es lo último que nos queda.

 

Reproduzco mi dialogo con la IA

Hola IA ¿qué vinos sin alcohol se hacen en Mendoza?

Me respondió una lista de unas 5 bodegas, pero una me llamó la atención, porque por más que la ley argentina desde 2024 permite denominar vino sin alcohol a un vino desalcoholizado con menos de 0.5 grados de alcohol, esta bodega prefiere evitar nombrarlos como tal, y así tener más libertad a la hora de fermentar, destilar o combinar directamente mostos con botánicos varios.

Domaine Edem: Una bodega boutique en Luján de Cuyo que elabora espumosos sin alcohol y bajos en alcohol.

Línea de productos:

* N.0 Rosæ: Un espumante desalcoholizado (0% de alcohol) de tono rosa pálido, fresco y con notas a frutos rojos.

* Brunette: Un espumante sin alcohol con infusión botánica y un perfil atípico con notas de miel, hierbas y carqueja.

* Uco Mineral (N° 7) y Uco Stones (N° 7): Dos blancos elaborados con uvas Chardonnay del célebre viñedo Adrianna (Valle de Uco) que cuentan con un 7% de alcohol y un toque de gas carbónico.

 

Hey IA ¡Pero no son vinos!

Tiene toda la razón: estrictamente hablando y por ley, no se les puede llamar "vino".

las bodegas y el propio Catena Institute utilizan denominaciones alternativas:

* Para las opciones de 0% (como N.0 Rosæ o Brunette): Legalmente se categorizan como "bebidas alcohólicas a base de uva" o "jugos de uva gasificados", ya que pasan por un proceso de desalcoholización o se elaboran buscando que nunca generen alcohol.

* Para las opciones de 7% (como Uco Mineral): Se encuadran como "bebidas a base de vino" o "vinos parcialmente desalcoholizados / de baja graduación", pero no pueden llevar la palabra "vino" a secas en la etiqueta principal de manera tradicional.

A nivel comercial y en el lenguaje cotidiano, se los suele agrupar bajo la tendencia global de "vinos sin alcohol" o "vinos low-alcohol" simplemente para que el consumidor entienda que buscan imitar la experiencia, el sabor y las ocasiones de consumo de un vino tradicional, pero técnicamente el término es incorrecto.

 

Mi opinión sobre el proyecto Catena Domaine EdeM. La doy porque me la piden constantemente, y es personal, obviamente. Primero aclarar que amo a todo Catena, desde siempre, pero a este proyecto no lo entiendo, solo lo veo como un perro guardián, una herramienta de marketing o estrategia comercial. Hasta el nombre me desentona en tanta rica y exquisita historia, porque no le pusieron Domaine Estela de Mendoza, edem me suena extraño, y si es un juego de palabras con Edén, pues menos me suena, en el edén justamente no habría lugar a un producto naturalmente con alcohol forzado por el hombre para quitárselo.

Reitero el respeto enorme que le tengo a la familia, pero creo tengo derecho a expresarme al respecto en un tema tan delicado, insisto, como la cultura del vino.

 

Sebastián Bossi

La Vida Bien Bebida